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Alguna vez siendo niños nos habrán hecho un barquito de papel, o nos habrán enseña- do a hacerlo nosotros mismos, con hojas de cuaderno, papel de colores o simplemente papel de diario.Hacerlo es muy fácil, inventar con ellos carreras de barcos, cuál dura más antes de hundirse, competir sobre el que soporta más peso, con batallas de piratas o rescates de princesas, ansiando llegar mucho más allá. o tal vez escapar a nuevos mundos. Las posibilidades son infinitas, sólo es necesario un poco de papel y mucha imaginación. Cuando nos volvemos adultos nos damos cuenta que todos somos barquitos de papel en el océano de la vida, todos somos navegantes de la vida con sus tormentas, sus momentos de sentirnos a la deriva, perdidos o con la sensación de estar navegando en círculos.Eso sí, cada uno a su manera: con sus mapas, su brújula y velas pequeñas o enormes. Y es este punto el barquito me recuerda la famosa frase “ningún mar en calma hizo experto al marinero” o dicho de otra manera atravesando las dificultades externas e internas es como te haces rico interiormente y se abren en el exterior nuevos horizontes. Seamos nuestro propio barquito, recordemos a nuestro niño interior y animémonos a navegar sin miedo en la inmensidad de nuestros propios océanos

Remera Alejo

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Alguna vez siendo niños nos habrán hecho un barquito de papel, o nos habrán enseña- do a hacerlo nosotros mismos, con hojas de cuaderno, papel de colores o simplemente papel de diario.Hacerlo es muy fácil, inventar con ellos carreras de barcos, cuál dura más antes de hundirse, competir sobre el que soporta más peso, con batallas de piratas o rescates de princesas, ansiando llegar mucho más allá. o tal vez escapar a nuevos mundos. Las posibilidades son infinitas, sólo es necesario un poco de papel y mucha imaginación. Cuando nos volvemos adultos nos damos cuenta que todos somos barquitos de papel en el océano de la vida, todos somos navegantes de la vida con sus tormentas, sus momentos de sentirnos a la deriva, perdidos o con la sensación de estar navegando en círculos.Eso sí, cada uno a su manera: con sus mapas, su brújula y velas pequeñas o enormes. Y es este punto el barquito me recuerda la famosa frase “ningún mar en calma hizo experto al marinero” o dicho de otra manera atravesando las dificultades externas e internas es como te haces rico interiormente y se abren en el exterior nuevos horizontes. Seamos nuestro propio barquito, recordemos a nuestro niño interior y animémonos a navegar sin miedo en la inmensidad de nuestros propios océanos

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